
Este pasado sábado he tenido el placer de compartir todo un día completo de vinos, gastronomía y blogs en O Ribeiro, en compañía de los
Blogastrónomos gallegos, que han tenido la amabilidad de invitarme a compartir con ellos la
VI Xantanza.
Os pongo en situación: los blogastrónomos son un grupo de autores de blogs cuya temática, en mayor o menor medida es la gastronomía en alguna o varias de sus facetas. Unidos por ambas aficiones, han creado, básicamente, un grupo de amigos que se reúnen con cierta periodicidad para celebrar Xantanzas, que es un juego de palabras en gallego con las palabras xantar (comer) y xuntanza (reunión).Tuve la ocasión de conocer a buena parte de ellos durante la celebración del pasado Fórum Gastronómico en Santiago, durante el que se volcaron, entre conferencias de algunos de ellos y muchos aspectos organizativos, en la celebración del I Encuentro de Bloggers, en el que muchos participamos con creo que indudable éxito, y del que ya os hablé hace unos meses.Nos reunimos, temprano por la mañana, en
Ribadavia, capital de la comarca de O Ribeiro y uno de los más bonitos pueblos de Galicia, que conserva unas estupendas ruinas del
Castillo de los Condes de Sarmiento, edificado en el siglo XV y abandonado en el XVII, y el único, creo,
Barrio Judío de Galicia, espectacular y maravillosamente conservado, en un pueblo que nos traslada a la Edad media, con sus callejuelas empinadas y estrechas, especialmente si nos acercamos a él durante la más que famosa
Festa da Istoria, en la que la villa se viste de medieval, en una de las mejores, y la más antigua, fiesta histórica por estos lares.
Pues allí comenzamos, a las diez y media de la mañana, un recorrido en autobús que nos llevó primero a conocer un poco la comarca del Ribeiro, sus características vinícolas, geográficas y organizativas, y después a la visita a tres bodegas:
Coto de Gomariz,
Adega Valdavia y
Viña Costeira, cada una singular por sus características.
La primera que visitamos fue
Coto de Gomariz. Una bodega antigua, pero reformada radicalmente hace pocos años y que busca la elaboración de vinos con fuerte carácter, basados en la recuperación de castas autóctonas y en la integración de los suelos en la vinificación, apegados al terruño, muy personales y que nada tienen que ver con lo que se hace habitualmente en la DO Ribeiro. Nos la presentaron su propietario y el enólogo, entusiastas de su trabajo, que viven con pasión y devoción en una visita, primero en 4x4 por varias viñas y después rematada con una cata en la propia bodega, que nos dejó un magnífico sabor de boca...
y más de una hora de retraso sobre el horario previsto, je, je.
Así que ya a contrarreloj visitamos
Adegas Valdavia, un pequeño productor artesanal y familiar que conocimos de la mano de un jovencísimo productor que elabora unos blancos estupendos, en la línea clásica de los ribeiros de castas autóctonas, y de la que nos llevamos mucho afecto, unas cuantas copas de vino... y unas cajas de vino, según las apuestas personales de cada uno, para disfrutar y recordar en el futuro.
Ya a salto de mata, esto es, casi a las ¡dos y media de la tarde!, visitamos la más grande bodega de O Ribeiro, que aglutina al 50% de productores de la zona,
Viña Costeira, de la mano del
"más grande si cabe" Argimiro Levoso, su gerente, que merece os presente en la foto que ilustra el post. Allí nos tenía montada una de impresión: cata monográfica de Treixaduras, que incluía 4 blancos, el increíble vino dulce
Tostado de Costeira y una sorpresa que nos tenía reservada: un espumoso elaborado por la propia bodega, de 19 años, que podéis ver en sus manos justo antes del degüello realizado,
en vivo y en directo, en la propia bodega... y a través de una de sus ventanas, je, je.
Eso sí, el llegar a las dos y media de la tarde a junto de Argimiro suponía saber con certeza que no comeríamos antes de las cuatro de la tarde, je, je. Durante una presentación en vídeo en español...
y japonés, (captando la
esencia del grupo, ya que eso parecíamos por la mañana, en un microbús, bajando en tropel por las bodegas con cámaras a cada cual más impresionante, al más puro estilo oriental), fuimos catando todos los vinos en un momento mágico que tuvimos que finalizar, de un modo más apurado del que todos hubiésemos deseado, pienso, ya que si no no llegábamos a comer, lo cual, por otra parte, no hubiera sido imprescindible ;-)
Tras la comida, visita cultural a
Ribadavia, con una parada obligada y siempre genial en la
Tafona de Herminia, para comprar los magníficos dulces judíos que prepara, con amor, maestría y horno de leña, esta artesana entrañable, conversadora única y
retranqueira sublime.
Después, desplazamiento a
Villa Meín, lugar elegido para el descanso y la pernocta, que abandoné a medianoche, ya que tenía compromisos anteriores que me impidieron quedarme más tiempo.
Pero, sin duda, lo mejor de todo fue, lo que arriba defino como
"coupage" de amigos: un grupo encantador, con un magnífico buen rollo, tan entusiasta como desinteresado, algo que ya es harto difícil de encontrar, si no
cuasi imposible en este mundo de locos. Si harto difícil es comenzar una jornada de sábado a las siete de la mañana, más duro es verse obligado a marcharse a las 12 de la noche, por la circunstancia de tener que levantarse el domingo otra vez a las siete, para irme de excursión con mis hijas otro día entero, y cargando, encima, con una considerable resaca, ya que mi ingesta alcohólica es mínima y muy esporádica, y una cata de unos 20 vinos en pocas horas me
"perjudica" más que notablemente, je, je...
Pero os aseguro que me marché con el mejor sabor de boca de todo lo probado en esta jornada: el sabor del afecto, del cariño, de la amistad, que crean un
"coupage" único que ningún vino, ni comida, ni nada material podrán saber nunca lo que significa.
Desde lo más hondo de mi corazón, muchas gracias, amig@s.
Nota: Podéis leer más crónicas, algunas de ellas en gallego, en los siguientes enlaces: